Telesalud mental en Argentina: crece la demanda, se pierde el turno
La demanda de telesalud mental en Argentina creció con fuerza desde 2020, pero si nadie atiende el primer llamado, esa persona no vuelve a intentarlo.
Contenido operativo para equipos administrativos de salud. No es consejo médico. Los agentes de Arbol no diagnostican, no prescriben ni orientan clínicamente — escalan a tu equipo. Revisado:
Entre 2019 y 2024 las consultas ambulatorias de salud mental crecieron 104,8% en las ocho provincias argentinas que reportan esta serie, y las internaciones subieron 77% hasta 2025, según el informe del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires. La telesalud absorbió buena parte de ese salto, pero el cuello de botella no desapareció: se movió del consultorio al primer llamado, al mensaje de WhatsApp que nadie contesta antes de que la persona decida no volver a intentarlo.
La demanda de salud mental no paró de crecer desde 2020
El dato no es una percepción de quienes trabajan en el consultorio, aunque coincide con ella. Juana Poulisis, psiquiatra consultada por LA NACION, lo resume así: “Estoy con la agenda llena”. Otra profesional citada en la misma nota, Sabina Alcarraz Robledo, ubica el quiebre en la pandemia: “después de la pandemia, esto explotó a nivel global”. Rolando Salinas, del Hospital Alemán, agrega que el aumento “es constante, al tiempo que parece no encontrar techo”.
Las cifras oficiales sostienen esa lectura. El sistema público porteño registró 32% más turnos de salud mental en los primeros meses de 2025 frente al mismo período de 2024, de acuerdo con la misma nota de LA NACION. El Hospital Alemán, del lado privado y de las prepagas, reporta un aumento del 50% en consultas de salud mental desde 2020. Ninguno de los dos sectores absorbió esta demanda sin fricción, y ninguno la ve bajar.
Buenos Aires tiene la muestra más completa, y ahí el salto es mayor todavía
De las ocho provincias que reportan esta serie al Ministerio de Salud bonaerense, Buenos Aires es la que aporta el dato más granular: las internaciones por motivos de salud mental pasaron de 28.451 en 2019 a 45.785 en 2024, un incremento de 60,9% en cinco años. La demanda ambulatoria de adolescentes dentro de la provincia subió 50% en el mismo período. Otras jurisdicciones muestran variaciones todavía más marcadas — Neuquén reporta 228% más consultas ambulatorias, con 135.614 consultas adicionales — aunque cada provincia mide con su propio sistema de registro, así que las cifras no siempre son comparables número contra número entre sí; lo que sí es consistente en las ocho es la dirección: sube, y sube rápido.
Ese medio millón de consultas y decenas de miles de internaciones adicionales no aparecieron de la nada: reflejan, entre otras cosas, más personas dispuestas a pedir ayuda que hace cinco años, algo que en sí mismo es una buena noticia para cualquier sistema de salud. El problema es logístico, no clínico: la oferta de turnos —tanto en obras sociales como en prepagas y en el sistema público— no creció al mismo ritmo que la demanda, y ese desfase es exactamente lo que describen los profesionales consultados por LA NACION cuando hablan de agendas colapsadas.
La presión no se reparte igual entre los tres subsistemas. Una obra social sindical suele tener un padrón cautivo de afiliados que no puede elegir libremente entre prestadores de salud mental, así que la demanda se concentra en la cartilla disponible; una prepaga compite por retener socios y sabe que la demora en dar un turno es, cada vez más, un motivo de queja o de cambio de plan; y el sistema público, sin cobro de por medio, absorbe a quienes no tienen ninguna de las dos coberturas y a quienes ya agotaron los turnos disponibles en la suya. Los tres terminan chocando con el mismo cuello de botella: no importa cuántos profesionales tenga contratados una institución si la persona que llama para pedir el turno no logra que alguien le conteste.
La telesalud no fue un experimento pandémico, fue la puerta de entrada
Cuando el aislamiento de 2020 obligó a suspender la atención presencial, la migración a la consulta virtual fue casi inmediata entre quienes hacían psicoterapia en Argentina. Un estudio de la Universidad Nacional de Córdoba, publicado en la Revista Argentina de Ciencias del Comportamiento y disponible en el repositorio institucional del CONICET, encontró que 77,7% de los psicólogos encuestados empezó a atender por videollamada recién al comienzo del aislamiento social, y que 62,6% llegó a atender a la mitad o más de sus pacientes de manera virtual. Quienes sostuvieron una proporción más alta de pacientes por telesalud reportaron, además, menos interrupciones de tratamiento que quienes no lo hicieron.
Ese cambio no se revirtió cuando terminaron las restricciones. El Ministerio de Salud de la Nación, a través del Hospital Nacional en Red “Lic. Laura Bonaparte”, sostiene hoy un Programa de Teleasistencia en Salud Mental y Adicciones pensado para achicar la distancia entre profesionales especializados y personas en zonas donde escasean, algo que la atención exclusivamente presencial nunca resolvió por sí sola. La telesalud dejó de ser una medida de emergencia y pasó a ser, para buena parte del sistema, la forma normal de empezar un tratamiento.
El cuello de botella no está en la demanda, está en el primer contacto
Acá es donde el dato deja de ser una curva ascendente y se vuelve una decisión operativa concreta. Una persona que atraviesa un momento de angustia o de ánimo bajo y decide, después de dudarlo, pedir un turno de salud mental no suele volver a intentarlo tres veces si la primera no funciona. Llama a la línea de la obra social o de la prepaga, o escribe por WhatsApp al centro que le recomendaron, en un horario que no siempre coincide con el de atención de recepción — a la noche, un fin de semana, en un recreo del trabajo. Si nadie responde, o si la respuesta llega dos días después cuando la urgencia inicial ya se diluyó en la rutina, esa persona no necesariamente insiste. Vuelve a postergarlo, y a veces no lo retoma.
Ese momento — la llamada o el mensaje que no se contesta a tiempo — no queda registrado en ninguna de las estadísticas que este artículo citó. Los informes miden consultas efectivamente realizadas e internaciones efectivamente registradas; no miden cuántas personas intentaron pedir un turno y se dieron por vencidas antes de conseguirlo. Es, por definición, el dato que ninguna institución ve en su propio tablero, precisamente porque nunca llegó a convertirse en un turno agendado.
Con la demanda subiendo al ritmo que muestran las cifras oficiales, ese primer contacto sin respuesta deja de ser un detalle de atención al cliente y pasa a ser, en la práctica, la diferencia entre que una persona entre al sistema de salud o quede afuera de él. No es un problema de cuántos psicólogos o psiquiatras tiene contratados una institución: es un problema de si esa institución puede escuchar y responder cada solicitud de turno en el momento en que la persona finalmente se anima a hacerla, sin importar la hora.
Pensemos en un caso típico, sin nombre ni historia clínica real, solo para ilustrar el mecanismo: alguien termina su jornada laboral, entra en la app de su prepaga o busca el teléfono de su obra social, y llama a las nueve de la noche porque recién ahí tuvo un rato para hacerlo. La línea de recepción ya cerró. Prueba por WhatsApp y le contesta un mensaje automático que solo repite el horario de atención. A la mañana siguiente, entre el trabajo y las tareas de la casa, no vuelve a intentarlo — no porque haya dejado de necesitarlo, sino porque el momento en que se animó a pedir ayuda ya pasó, y no todos los días aparece otro igual. Multiplicado por el volumen de consultas que muestran las cifras de este artículo, ese patrón deja de ser una anécdota individual y se convierte en una fuga sistemática de personas que sí querían empezar un tratamiento.
Arbol existe para ese momento exacto: un agente conversacional por voz y por WhatsApp que atiende cada llamado o mensaje que llega pidiendo un turno de salud mental, a cualquier hora, y lo convierte en un turno agendado en la historia clínica de la institución en lugar de en una llamada perdida. No reemplaza al profesional que hace la consulta ni decide nada clínico — solo se asegura de que el primer contacto, el que hoy se pierde en el llamado sin atender, nunca vuelva a perderse.
Qué puede hacer tu institución esta semana
- Medí cuántos llamados y mensajes de salud mental quedan sin respuesta fuera del horario de recepción.Es el dato que ninguna estadística nacional captura, y es el que más rápido podés corregir.
- Definí un canal que atienda las 24 horas, no solo en el horario de la línea telefónica.Buena parte de los pedidos de turno de salud mental llegan a la noche o el fin de semana, según describen los propios profesionales consultados.
- Distinguí el pedido de turno de rutina de una urgencia que necesita derivación inmediata.Un canal que agenda turnos también tiene que reconocer cuándo la respuesta correcta es derivar a una línea de crisis, no ofrecer un horario.
- Revisá cuánto tarda tu institución en confirmar un turno después del primer contacto.Con la demanda creciendo al ritmo que muestran las cifras oficiales, cada día de demora en confirmar es una oportunidad de que la persona desista.
Si tu institución ya está pensando en cómo sostener la agenda frente a esta demanda, esto se conecta con cómo funciona un sistema de contacto proactivo — que no espera a que la persona insista, sino que confirma y hace seguimiento antes de que el turno se pierda — y con lo que puede automatizar hoy un agente de inteligencia artificial en la primera línea de atención de una clínica o un centro de salud mental.
Fuentes
- Informe sobre crisis de la salud mental en la Argentina 2019-2025 — Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, Revista Salud Pública
- Alta demanda de consultas. Psicólogos y psiquiatras con agendas colapsadas y turnos demorados — LA NACION
- Psicoterapia en tiempos de pandemia COVID-19 en Argentina: factores asociados con el uso de telepsicología durante el aislamiento social — CONICET / Revista Argentina de Ciencias del Comportamiento (Fontao, Casari, Piorno y Taborda, UNC)
- Programa de Teleasistencia en Salud Mental y Adicciones — Hospital Nacional en Red Lic. Laura Bonaparte, Ministerio de Salud de la Nación