Vacunación infantil en Costa Rica: por qué se atrasa el esquema
Miles de niños en Costa Rica quedan con el esquema de vacunación incompleto porque nadie los contacta para la siguiente dosis, no por rechazo familiar.
Contenido operativo para equipos administrativos de salud. No es consejo médico. Los agentes de Arbol no diagnostican, no prescriben ni orientan clínicamente — escalan a tu equipo. Revisado:
En 2024, la cobertura de primera dosis contra sarampión, rubéola y paperas en Costa Rica llegó a 93%, por debajo del 95% que recomienda la Organización Panamericana de la Salud para evitar que un caso importado se convierta en brote, y más de 88.000 niños y niñas quedaron con ese esquema incompleto (OPS/OMS, 2024). La brecha no se cerró con la campaña de emergencia de ese año: en 2026 la propia CCSS reconoció que la vacunación infantil “todavía se mantiene por debajo de lo esperado” (Infobae Costa Rica, 2026). Casi nunca es que la familia se niegue a vacunar: es que nadie la vuelve a contactar cuando toca la siguiente dosis.
Costa Rica dejó de ser la excepción regional en cobertura
Durante décadas, Costa Rica fue de los países que otros ministerios de salud de la región citaban como referencia: cobertura sostenida por encima del 90% en casi todo el esquema básico, eliminación del sarampión confirmada y un sistema de salud primario —el EBAIS— con presencia territorial poco común en Centroamérica. Esa reputación sigue siendo cierta en términos relativos, pero ya no describe el margen de seguridad que describía hace una década.
La señal más clara llegó en 2024. Costa Rica registró un caso importado de sarampión sin transmisión secundaria, un resultado que en cualquier otro contexto se hubiera celebrado como una contención exitosa. Pero la revisión de coberturas que siguió a ese caso encontró que 93% de los niños y niñas tenía la primera dosis contra sarampión, rubéola y paperas, y una proporción menor tenía completo el esquema de dos dosis —ambas cifras por debajo del umbral de 95% que la OPS considera necesario para sostener la inmunidad de rebaño frente a un virus tan contagioso como el del sarampión (OPS/OMS, 2024). El Ministerio de Salud, la CCSS y el Ministerio de Educación Pública respondieron con una campaña extraordinaria entre abril y mayo de ese año, dirigida a niños de 15 meses a 10 años, con la meta de alcanzar a 563.000 menores en todo el país mediante consultorios, visitas casa por casa y jornadas en escuelas y centros del CEN-CINAI.
Esa campaña de 2024 fue necesaria y bien ejecutada, pero también expone el problema de fondo: un país tuvo que movilizar tres instituciones y meses de operativos casa por casa para recuperar una cobertura que, en teoría, ya debería sostenerse sola dentro del esquema regular de cada EBAIS. Cuando la única forma de cerrar la brecha es una campaña extraordinaria, es porque el seguimiento ordinario, dosis por dosis, no la estaba cerrando por sí mismo.
La ventana que se cierra sin que nadie la note
Entre el 19 y el 24 de agosto de 2024, equipos de la CCSS, el Ministerio de Salud y la OPS/OMS realizaron monitoreos rápidos de cobertura en 70 cantones, visitando 4.200 hogares en 210 ejercicios de verificación para confirmar si la campaña de abril y mayo había cerrado realmente la brecha (OPS/OMS, 2024). La metodología fue revisar, puerta por puerta, el Carné del Niño Sano de cada hogar con menores en el rango de edad, y ofrecer la dosis pendiente ahí mismo cuando el registro mostraba un vacío, apoyándose en el Sistema Integrado de Vacunación (SIVA) para cruzar lo que decía el carné físico con lo que ya estaba registrado en el sistema.
Lo que encontraron los equipos de monitoreo no fue rechazo a la vacuna. Fue, en la mayoría de los casos, familias que sí querían vacunar a sus hijos pero que nunca recibieron un aviso claro de que ya tocaba la dosis, o que la fecha se les pasó entre el trabajo, otro hijo enfermo o simplemente la falta de un recordatorio. Una madre entrevistada durante el operativo lo resumió sin rodeos: se aseguraba de que sus hijas tuvieran las vacunas al día precisamente porque sabía que, si no estaba atenta ella misma, nadie más lo iba a estar. Ese es el patrón que debería preocupar a cualquier institución de salud: cuando cerrar la brecha depende de que la familia lleve la cuenta por su cuenta, la brecha nunca se cierra del todo, solo se administra mejor en los años en que hay una campaña de emergencia.
La brecha no fue un episodio de 2024: sigue apareciendo en 2026
Si la campaña extraordinaria de 2024 hubiera resuelto el problema estructural, no debería repetirse el mismo patrón dos años después. Pero según datos de la propia CCSS reportados en junio de 2026, con corte al 30 de mayo, la cobertura de vacunación en los tres grupos prioritarios de la campaña de influenza —niñez, personas embarazadas y adultos mayores— quedó por debajo de lo esperado y por debajo del año anterior en dos de los tres grupos: la cobertura en adultos mayores de 65 años cayó a 37%, frente a 45% en el mismo corte de 2025, y en personas embarazadas bajó a 45%, frente a 57,5% en 2025 (Infobae Costa Rica, 2026). En la niñez, con 107.686 dosis aplicadas, la cobertura llegó apenas a 26,5%.
El doctor Elvis Delgado, de Vigilancia Epidemiológica de la CCSS, fue explícito sobre lo que esa cifra significa para la institución: el porcentaje de vacunación en embarazadas, adultos mayores y niños todavía se mantiene por debajo de lo esperado, pese a que la vacuna está disponible sin costo en todos los centros de salud, sin necesidad de cita previa, con horario extendido y jornadas de fin de semana. La disponibilidad no es el problema. El acceso, en el sentido estricto, tampoco. Lo que falta es que alguien, de forma sistemática, le diga a cada familia que ya le toca —y no una vez al año en una campaña mediática, sino en el momento exacto en que corresponde cada dosis del calendario.
Por qué un esquema de varias dosis es distinto a una campaña de un solo día
La campaña de SRP de 2024 tuvo fecha de inicio, fecha de cierre, cobertura mediática y una meta nacional visible. El esquema básico de vacunación infantil no tiene nada de eso: son dosis distribuidas entre el nacimiento y los seis años, cada una con su propia ventana de edad, sin un evento único que le recuerde a la familia ni al equipo de salud que ya toca la siguiente. Un país puede movilizar tres instituciones durante dos meses para cerrar una brecha puntual, pero ese mismo esfuerzo no se sostiene todas las semanas del año para cada dosis individual del calendario.
La red que debería sostener ese seguimiento ordinario es, en teoría, suficientemente amplia: 1.080 EBAIS distribuidos en 105 áreas de salud en todo el territorio nacional (CCSS, 2021). Pero cada equipo responde por una población asignada amplia, con una agenda diaria que prioriza a quien ya está frente al mostrador o llamando por teléfono, no a quien debería llamar y no lo hizo. Detectar que un niño en particular tiene la dosis de los 12 meses vencida requiere revisar un expediente que nadie tiene motivo de abrir hasta la siguiente consulta programada —que puede ser meses después, si es que llega a agendarse.
Lo que resuelve un contacto proactivo, dosis por dosis
Arbol atiende exactamente ese vacío: el seguimiento ordinario, dosis por dosis, que hoy depende de que una familia recuerde por su cuenta o de que un equipo de salud tenga tiempo de revisar expedientes uno por uno. El sistema cruza la fecha de nacimiento y el historial de dosis ya aplicadas de cada niño con el calendario del esquema nacional, calcula automáticamente cuándo corresponde la siguiente vacuna y contacta a la familia por WhatsApp o por llamada antes de que se cumpla esa fecha —no meses después, cuando la ventana ideal ya pasó.
Si la familia responde y confirma, la cita queda agendada en ese mismo contacto, coordinada con la disponibilidad real del EBAIS o del consultorio. Si necesita otra fecha, se le ofrecen las opciones disponibles ahí mismo, sin que tenga que volver a llamar. Si no contesta al primer intento, el sistema reintenta con la cadencia y el canal adecuados, en lugar de dar por perdido el contacto después de una sola llamada sin respuesta. Y cada intento queda registrado, de modo que el equipo de salud siempre sabe qué niños ya fueron contactados, cuáles confirmaron y cuáles siguen pendientes de respuesta —sin depender de que alguien revise carné por carné.
- 1Identifica el atraso por edad, no por demanda
Cruza la fecha de nacimiento y las dosis ya aplicadas de cada niño con el calendario del esquema nacional, en vez de esperar a que la familia pida la cita por su cuenta.
- 2Contacta antes de que se cumpla la fecha
La familia recibe una llamada o un mensaje de WhatsApp en la ventana correcta de cada dosis, no una campaña genérica meses después de vencida.
- 3Confirma o reagenda en el mismo contacto
Si la familia confirma, la cita queda agendada de inmediato; si necesita otra fecha, se le ofrecen alternativas sin que tenga que volver a llamar.
- 4Reintenta con la cadencia correcta
Si no contesta al primer intento, el sistema vuelve a intentar por otro canal y otro horario, sin que el personal del EBAIS tenga que acordarse de hacerlo manualmente.
- 5Deja registro de cada intento
El equipo de salud sabe en todo momento a qué niños ya se contactó, cuáles confirmaron y cuáles siguen pendientes, sin revisar carné por carné.
Nada de esto reemplaza al personal clínico del EBAIS ni al criterio de enfermería para resolver una duda sobre una reacción a la vacuna o una contraindicación puntual. Lo que hace es liberar al equipo de la parte que hoy se pierde por simple falta de tiempo: acordarse de quién debe volver, marcar, y volver a marcar si nadie contesta la primera vez.
Qué cambia cuando ningún niño se pierde entre una dosis y la siguiente
El valor de cerrar esta brecha no se mide en una sola campaña, se mide en que la próxima no tenga que existir. Una institución que sostiene un contacto proactivo, dosis por dosis, durante todo el año no depende de que el Ministerio de Salud tenga que movilizar tres instituciones cada vez que un caso importado expone lo que ya se sabía: que la cobertura venía cayendo en silencio. Ese mismo principio —contactar antes de que la ventana se cierre, y no después— es el que ya se aplica en Colombia para sostener el control de personas mayores con hipertensión y diabetes o para el seguimiento telefónico después de un infarto: la lógica de fondo, en pediatría o en cualquier otra especialidad, es la misma. Si tu institución quiere entender cómo aplicar ese tipo de contacto continuo a su propia agenda, puedes revisar cómo funciona un sistema de contacto proactivo con inteligencia artificial o explorar en general qué resuelve un agente de IA aplicado a la agenda de una institución de salud.
Costa Rica todavía tiene una de las redes de salud primaria más sólidas de la región y un historial de cobertura que la mayoría de sus vecinos envidiaría. Sostenerlo no requiere rediseñar el esquema nacional de vacunación ni el modelo de EBAIS: requiere que ningún niño dependa de que su familia lleve la cuenta sola.
Fuentes
- Hasta el último niño: Costa Rica refuerza la vacunación contra el sarampión, la rubéola y las paperas — Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS)
- Monitoreos rápidos de cobertura en Costa Rica: herramienta para asegurar la eficacia de las campañas de vacunación — Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS)
- Más de 922 mil personas ya están vacunadas contra la influenza en Costa Rica, pero preocupa la baja cobertura en grupos de riesgo — Infobae Costa Rica
- Servicios de Salud de la CCSS (Diciembre 2021) — Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS)